martes 15 de diciembre de 2009

Solo





"No temas hallarte solo. No temas la inmensidad del mar, ni la altura de las montañas, ni las distancias, ni las lejanías. Nunca estás solo y nada está tan lejos que no puedas en tu espíritu alcanzar."

Alberto E. Justo

El viaje interior


"Que el hombre intente la maravillosa aventura del viaje interior, él irá de descubrimiento en descubrimiento. Son las huellas de la dimensión divina las que él descubre en su profundidad. Y ya no padecerá en adelante ninguna necesidad de investigarlas fuera. Sin embargo, en la medida de sus encuentros con los espacios sutiles, él podrá sonreírles para agradecerles su presencia, considerándolas como los arcos de paz y de luz emergiendo del mar sombrío y caótico del mundo"

Extraído de: Questión de... nº116: Marie-Madeleine Davy, Les Chemins de la profondeur. Revue trimestrielle - Albin Michel, B.P. 21 - 84220 Gordes (Francia)
por ermitaño urbano.

lunes 14 de diciembre de 2009

Sobre la mentira


"Miente con su vida el libertino que se precia de casto; el avaro que habla de limosnas y elogia la caridad, o también el orgulloso que admira la humildad. No la admira con intención de alabar la virtud; en ese caso comenzaría por confesar humildemente su propia debilidad diciendo: ” ¡Qué desdicha la mía! Estoy vacío de todo bien”. Después de confesar así su miseria, podría admirar y alabar la virtud. Pero tampoco es con la intención de evitar el escándalo por lo que hace el elogio de la virtud, porque si así fuera debería decir: ” ¡Soy un miserable, lleno de pasiones! ¿Por qué voy a escandalizar a mi prójimo? ¿Por qué voy a hacer mal al alma de otro imponiéndome así una carga más? “Entonces, aun siendo él mismo pecador, podría aproximarse al bien. Porque verse a si mismo como un miserable es humildad, y cuidar del prójimo es compasión. Pero el mentiroso no admira la virtud con esos sentimientos. Para cubrir su propia vergüenza pone por delante el nombre de la virtud hablando de ella como si fuese virtuoso. Y muchas veces lo hace para hacer daño y engañar a alguien. Porque, en efecto, ninguna maldad, ninguna herejía, ni el mismo diablo podrá engañar si no es simulando virtud, según lo dice el Apóstol: El mismo diablo se transforma en ángel de luz (2 Co 11-14)"

De Textos Monásticos

jueves 10 de diciembre de 2009

Sutilidad


"En razón de su sutilidad, los sentidos interiores pueden discernir la realidad de una presencia privada de nombre. La belleza oculta se revela y se despliega a aquellos que mantienen la capacidad de contemplar."

De ermitañourbano

domingo 29 de noviembre de 2009

Mi cabaña



Tengo una choza en el bosque, nadie lo sabe salvo el Señor, mi Dios; una pared es un fresno,la otra un avellano, y un gran helecho hace de puerta.

Los batientes son de brezo, y el dintel de madreselva; y el bosque virgen de alrededor da bellotas para cerdos bien alimentados.

Este es el tamaño de mi cabaña: la cosa más pequeña; hogar entre senderos bien hollados; una mujer (pero vestida de mirlo y parecida a él) trina dulcemente desde su alero.

de Eremita anónimo (Textos Monásticos)

Cabaña de San Serafin Rose.

martes 24 de noviembre de 2009

Espacios Sagrados


"...estos espacios sagrados no juzgan a nadie. Es por eso que el hombre «justo» que los visita no está forzosamente favorecido con relación al «pecador» –para emplear el lenguaje de antaño hoy prescrito. En otros términos, el puro y el impuro son enseñados"

Marie Madeleine Davy

martes 17 de noviembre de 2009

Sobre las Virtudes (1)




Un día en que Antonio salió, vinieron todos los monjes y le pidieron unas palabras. El les habló como sigue:

“Las Escrituras bastan realmente para nuestra instrucción. Sin embargo, es bueno para nosotros alentarnos unos a otros en la fe y usar de la palabra para estimularnos. Sed, por eso, como niños y traerle a su padre lo que sepais y decirselo, tal como yo, siendo el mas antiguo, comparto con vosotros mi conocimiento y mi experiencia.

Para comenzar, tengamos todos el mismo celo, para no renunciar a lo que hemos comenzado, para no perder el ánimo, para no decir: “Hemos pasado demasiado tiempo en esta vida ascética.” No, comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo. Toda la vida del hombre es muy breve comparada con el tiempo que a de venir, de modo que todo nuestro tiempo es nada comparada con la vida eterna. En el mundo, todo se vende; y cada cosa se comercia según su valor por algo equivalente; pero la promesa de la vida eterna puede comprarse con muy poco. La Escritura dice: “Aunque uno viva setenta años y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil” (Sal 89:10). Si, pues, todos vivimos ochenta años o incluso cien, en la práctica de la vida ascética, no vamos a reinar el mismo período de cien años, sino que en vez de los cien reinaremos para siempre. Y aunque nuestro esfuerzo es en la tierra, no recibiremos nuestra herencia en la tierra sino lo que se nos ha prometido en el cielo. Más, aún, vamos a abandonar nuestro cuerpo corruptible y a recibirlo incorruptible (1 Co 15:42).

Vita Antonii